(sacado de varios libros.)«Dios ha escrito su ley sobre todo nervio y músculo, sobre toda fibra y función del cuerpo humano. La complacencia del apetito antinatural, ya sea por el té, el café, el tabaco o el alcohol, es intemperancia, y se halla en guerra contra las leyes de la vida y la  salud. Usando estos artículos prohibidos, se crea una condición en el sistema, que el Creador nunca se propuso que hubiera. Esta indulgencia en cualquiera de los miembros de la familia humana es pecado. El comer carne que no produce buena sangre, es obrar en contra de las leyes de nuestro organismo físico, y en violación la ley de Dios. La causa produce el efecto. El sufrimiento, la enfermedad y la muerte, son la penalidad segura de la indulgencia. Ev., pág. 198 Antigua edición. 

«El que es cuidadosamente convertido abandonará todo hábito y apetito corruptor. Por medio de una abstinencia total vencerá sus deseos de las complacencias que destruyen su salud. En esta época de la historia de la tierra, el comer carne deshonra a Dios. Es el comer carne y beber alcohol lo que está haciendo al mundo lo que era en los días de Noé. Estas cosas están fortaleciendo las pasiones más bajas de los seres humanos y están animalizando a la raza. Colección de Kress. (E. G. White) 

«El dejar de cuidar la maquinaría viviente es un insulto infligido al Creador. Existen reglas divinamente establecidas que, si se obser-van, guardarán a los seres humanos de la enfermedad y la muerte prematura. 

Toda acción descuidada y desatenta, todo abuso cometido con el maravilloso mecanismo del Señor, al desatender las leyes especí-ficas que rigen la habitación humana, es una violación de la ley de Dios. 

Es tan ciertamente un pecado violar las leyes de nuestro ser como lo es quebrantarlas leyes de los Diez Mandamientos. Hacer cualquiera de ambas cosas es quebrantarlos principios de Dios. Los que transgreden la ley de Dios en su organismo físico, tendrán la inclinación a violar la ley de Dios pronunciada desde el Sinaí. 

Puesto que las leyes de la naturaleza son las leyes de Dios, sencillamente es nuestro deber dar a estas leyes un estudio cuidadoso. Debemos estudiar sus requerimientos con respecto a nuestros propios cuerpos, y conformamos a ellos. La ignorancia en estas cosas es pecado. 

Debido a que el hombre ha pecado contra su cuerpo, y ha corrompido sus costumbres. Dios resulta deshonrado. CRA. págs. 17-19. 

«Las hortalizas, las legumbres, las frutas y los cereales deben constituir nuestro régimen alimenticio. Ni un gramo de carne debiera entrar en nuestro estómago. El consumo de carne es antinatural. Hemos de regresar al propósito original que Dios tenía en la creación del hombre 

Los que han recibido instrucciones acerca de los peligros del consumo de carne, té, café y alimentos demasiado condimentados o malsanos, y quieran hacer un pacto con Dios por sacrificio, no continuarán satisfaciendo sus apetitos con alimentos que saben son malsanos. Dios pide que los apetitos sean purificados y que se renuncie a las cosas que no son buenas. Esta obra debe ser hecha antes que su pueblo pueda estar delante de él como un pueblo perfecto. 

«Nuestros hábitos de comer y beber muestran si somos del mundo o si pertenecemos al número de personas a quienes el Señor ha cortado del mundo por medio de su poderosa hacha de la verdad» CRA. págs. 453-455.

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